
Todo empezó en un viaje. Una sartén me llamó la atención por su formato: liviana, amplia, con tapa y un agarre cómodo. La probé y descubrí algo simple pero poderoso: pizzas crocantes, fainá y comidas rápidas, sin prender el horno, en pocos minutos.
La usé frente a una amiga, y el comentario fue inmediato: “qué práctica que es”. Quise regalarle una igual. Recorrí locales en distintos departamentos, consulté comercios especializados y busqué en tiendas web. No la encontré. No porque fuera difícil de conseguir: ese tipo de sartén, con esa superficie, esa tapa y ese doble agarre, no existía en el mercado uruguayo.
Ese vacío fue el punto de partida de Daring: traer a Uruguay una sartén que no estaba disponible y ajustarla con prueba y error hasta lograr la pizza perfecta. Una sartén grande, pero ágil: para cocinar distinto, sin complicarme y sin horno.
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Irineo de Daring